DEPORTES ACUÁTICOS

La sirena Mengual recupera su magia

Gemma Mengual, la pionera de la natación sincronizada en España, escribió el final de su recorrido en unos Juegos Olímpicos en Río de Janeiro.

Cuando la carrera deportiva de Gemma Mengual (Barcelona, 1977) parecía culminada, su nueva vida enfocada al cuidado de sus dos hijos -Joe y Nil- y su futuro ligado a la gestión de sus restaurantes, la nadadora catalana se dejó ilusionar por un nuevo reto que la devolvió al agua.

En realidad nunca había dejado de saltar a la piscina, porque desde ese lugar solía asesorar a las más jóvenes, pero entre chapuzón y chapuzón empezó a barruntar la posibilidad de su regreso.

El dúo mixto de los Mundiales de Kazán (Rusia) fue un caramelo demasiado goloso. Retornó a la competición en el verano de 2015 de la mano de Pau Ribes, el Billy Elliot de la natación sincronizada española. Llevaba tres años retirada y fueron quintos en el evento que supuso el estreno mundialista de esta trasgresora modalidad.

La posición fue lo de menos. Su actuación acabó de convencer a la directora técnica Ana Montero de que debía ser ella quien acompañara a Ona Carbonell en el dúo olímpico de Río de Janeiro. La barcelonesa, de 39 años, se encontraba de vacaciones en la isla de Formentera cuando aceptó el encargo de unirse a la líder de la actual generación de la natación sincronizada en España, y es que de alguna manera Carbonell sigue, a sus 26 años, la estela que la propia Gemma Mengual había construido y Andrea Fuentes prorrogado.

Esta última fue, precisamente, el ancla entre dos épocas: saboreó la plata junto a Gemma en los Juegos de Pekín 2008 y, tras su retirada, repitió con Ona en el segundo cajón del podio en la cita olímpica que la capital inglesa albergó en 2012. Después dijo adiós.

Un ciclo se cerró este martes en la piscina principal del centro acuático María Lenk, ubicado en el Parque Olímpico de Barra. Gemma Mengual, la pionera, escribió el punto y final de su recorrido en unos Juegos Olímpicos con la ejecución del programa libre del dúo. El ejercicio, inspirado en la pasión flamenca, permitió a la catalana volver a lucir su expresividad, su plasticidad y su potencia, características adscritas a ella desde sus comienzos.

Con un zapateado sobre el agua, después de que el Concierto de Aranjuez emocionara a un graderío acostumbrado a vibrar con la samba, despidió la “oportunidad que no pensaba volver a vivir”. “Ahora sí, es la última”, había anunciado, emocionada, días atrás, coincidiendo con su llegada a la Villa Olímpica.

“¡He soñado que estábamos en el podio!”

Para entonces, un sueño repetido en los últimos meses se había erigido ya en el inesperado aliado para contrarrestar las agotadoras jornadas de entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat y para afrontar, con éxito, el fatigoso reto de vivir en la ciudad carioca su cuarta participación en unos Juegos Olímpicos tras su paso por Sydney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008.

“¡He soñado que estábamos en el podio!”, proclamó en varias ocasiones mientras apreciaba con el cuerpo técnico un batido de remolacha, su nuevo antídoto contra el cansancio. Esa fue una palabra utilizada en los últimos meses, vividos a la carrera entre el centro de entrenamiento y el colegio de Joe y Nil, sus hijos.

Ellos siguieron desde la grada el desempeño de su madre, quien dejó “la puerta abierta” a competir en el próximo Mundial pese a haber reconocido que físicamente no es la misma que antaño.

Cierto es que la Gemma Mengual de los Juegos de Río 2016, competición que el dúo español cerró en el quinto puesto, no fue la misma que maravilló en los Mundiales de Roma 2009.

Allí debió asumir la conservadora decisión de los jueces que entregó el oro a la rusa Natalia Ishchenko. Ese día, sin embargo, se vio capaz de derribar aquel muro. Revolucionaria, cambió para siempre la disciplina y se erigió en leyenda de la sincronizada.

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La “sirena de Barcelona” derrochó en su reaparición en una cita olímpica arte, transgresión, gracia innata y espontaneidad. Así había combatido durante años la supremacía de japonesas y de rusas y así propulsó una disciplina que, hasta su irrupción, era desconocida en España.

A la natación sincronizada se abrazó Gemma Mengual con nueve años, siguiendo los pasos de su prima Judith. Su descubridora, Anna Tarrés, la acercó poco después al equipo absoluto aunque su eclosión internacional se vio retrasada hasta los Europeos de Helsinki 2000.

A partir de esa fecha se atrevió a quebrantar el viejo orden, eclipsó a potencias como Japón y Estados Unidos y, sin llegar a tumbar la tiranía rusa, convenció igualmente a los jueces.

El punto álgido de su trayectoria lo alcanzó en el año 2008. Reinó con cuatro medallas de oro en el Europeo de Eindhoven (solo, dúo, equipos y combo) y se colgó dos platas en los Juegos de Pekín.

Al año siguiente, en la cita mundialista de Roma, la rabia por no conseguir el oro en el individual llenaron de lágrimas sus ojos pero los 98.333 puntos que le valió su interpretación de la versión de Ray Charles del ‘Yesterday‘ de los Beatles quedará para siempre en la memoria de los aficionados.

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