DEPORTES ACUÁTICOS

El brillo reaparece en los ojos de Gemma Mengual

Gemma Mengual asumió tras los Mundiales de Kazán el reto de acompañar a Ona Carbonell en el dúo olímpico.

Recuerda Ana Montero que en los pasados Campeonatos del Mundo disputados en la ciudad rusa de Kazán a Gemma Mengual le volvieron a brillar los ojos. La barcelonesa no había llegado a desconectarse del todo de la natación sincronizada tras el anuncio de su retirada en el año 2012, pero su aparición en el dúo mixto junto a Pau Ribes terminó de fraguar su regreso a la alta competición.

Esa fue la petición que la directora técnica le trasladó poco después de su reestreno. “Sabía que tenía una gran baza. Gemma formaba parte del cuerpo técnico y para ayudar a las nadadoras se seguía tirando a la piscina. Esa necesidad la seguía teniendo”, explica Montero.

Ese dúo mixto, el primero en la historia de los Campeonatos del Mundo, magnificó los latidos en el corazón de Mengual. Inconscientemente había retomado ya el camino de la disciplina y el entrenamiento y, aunque en Rusia debió conformarse con el quinto puesto, esta nueva comparecencia de la catalana en la escena internacional fue seguida de un terremoto emocional.

Volvieron a vibrar en ella las sensaciones que tenía soterradas. Se sintió nuevamente reconocida, admirada, querida, apoyada. Volvió a sentirse especial.

“Después pasa unos días de vacaciones y es cuando recibe mi llamada. Le digo que se lo piense, que creo en ella”, rememora Ana Montero, quien compartió con Gemma Mengual el cuarto puesto en Atenas 2004, justo un ciclo antes de que se produjera el primer ascenso al podio olímpico de la natación sincronizada española.

La actual directora técnica recibió como respuesta el compromiso, firme, por parte de Gemma Mengual de acompañar a Ona Carbonell hasta los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde los días 14, 15 y 16 de agosto experimentará la emoción de competir por su tercera medalla olímpica tras las dos platas que mordió en Pekín.

“Siento que estoy viviendo un déjà vu”

“Siento que estoy viviendo un déjà vu”, confesó la deportista, acomodada ya en la Villa Olímpica, donde aguarda la inminente visita de sus dos hijos, Nil y Joe.

El primero fue uno de los protagonistas de la rueda de prensa que Gemma Mengual convocó el 15 de febrero de 2012. Por aquel entonces, su hijo mayor tenía dos años y con sonoros gritos de “¡mamá, mamá!” interrumpió el discurso de la nadadora. “Me retiro porque he dado todo lo que podía a la natación sincronizada”, se justificó Mengual.

En el escaparate olímpico reaparecerá tres años después de aquella sentencia errónea. Con 39. Como madre y empresaria. Pero, también, con su inconfundible áurea de estrella después de haberse demostrado a sí misma que podía responder al reto.

Durante gran parte del camino, sin embargo, le acompañó la incertidumbre de saber si sería capaz de soportar la exigencia física y mental. “Aunque el reto ha sido para todos”, corrige Mengual.

Ella rompió las reglas. Se demostró a sí misma que la natación sincronizada y la maternidad se podían compaginar. Esto le obligó a modificar sus hábitos y a moverse a la carrera entre su casa, el colegio y el CAR de Sant Cugat. Ahora disfruta ilusionada de su cuarta aparición en unos Juegos Olímpicos. En los últimos meses completó entrenamientos “a medida” y en la ciudad carioca, según adelantó, va “a dejarlo todo”.

“Siento los mismos nervios que antes de Pekín 2008”

Gemma Mengual no esconde que, pese a la admiración que despierta su figura, siente “la misma responsabilidad y los mismos nervios que antes de Pekín”. “Quiero aprovechar la oportunidad que pensaba que no volvería a vivir. Ahora sí, pienso que es la última, y me veo como hace ocho años, con la ilusión de ganar una medalla”, subrayó.

Su espíritu competitivo, todavía presente, es lo que le permitió aceptar el sacrificio y, sobre todo, el dolor que conlleva preparar esta cita deportiva. Las nadadoras de sincronizada están sometidas a agónicos golpes de ácido láctico y, dado el medio acuoso, vienen acompañados de una prolongada sensación de ahogamiento que se repite entrenamiento a entrenamiento y se intensifica en competición.

“La agonía que se sufre durante un ejercicio completo, en el que te duele todo y además te estás ahogando, no todo el mundo la entiende. La parte psicológica, de valentía y de coraje, es importante. En ese sentido, hemos sido muy medidos y estoy orgullosa de lo que hemos conseguido”, remarca Ana Montero.

Ese mensaje optimista de la directora técnica viene reforzado por el brillo, especial, que desprenden en la Villa Olímpica los ojos de Gemma Mengual. Su mirada será clave para seducir a los jueces en el centro acuático María Lenk.

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